Carlos González Artigas Díaz

Carlos González Artigas Díaz

Carlos González Artigas Díaz

El secreto para construir empresas sólidas es el trabajo duro y la seriedad. Además de un equipo de gente eficiente.

Carlos González Artigas Díaz

Comencé a trabajar muy joven en Bahía de Caráquez. Compraba cacao, café y otros productos para comercializar; luego compré una hacienda y empecé a sembrar algodón. Después de cinco años vine a Manta, en donde renté una fábrica con la que comenzó mi vida como industrial.

Siempre estaba pensando cuál era el siguiente paso; estuve dos años trabajando con la planta hasta que adquirí una desmontadora de algodón y la instalé al frente de la fábrica. Llegué al negocio de aceites por necesidad porque debía vender la semilla de algodón para sacar el aceite, pero hubo un momento en que la cosecha de algodón era tan grande que no teníamos a quién vendérsela. Tomamos la decisión de comprar una planta extractora de aceite en Piura–Perú. Cuando comenzamos producíamos siete toneladas de aceite por día. Actualmente son 1 400 toneladas. Somos líderes en el mercado nacional.

El secreto para construir empresas sólidas es el trabajo duro y la seriedad. Además de un equipo de gente eficiente. Me he rodeado de gente capaz y leal. Contamos con ocho agencias, en las ciudades de Quito, Ibarra, Tulcán, Ambato, Guayaquil, Machala, Santo Domingo y Riobamba. En temas de distribución tenemos 65 000 puntos de venta en todo el país.

La Fabril es la empresa más grande del sector de aceites y grasas comestibles del país. Laboramos con el apoyo de más de 2 000 personas para mantener la calidad de nuestros productos e incentivar la investigación.

Hace algunos meses compramos una compañía de aseo e higiene personal, porque trabajamos para seguir consolidándonos en el país.

Me gusta que la gente que trabaja conmigo viva bien, porque se traduce en mayor productividad. La gente de la que me rodeo debe ser capaz y trabajadora.

Tengo vehículos Mercedes-Benz desde hace más de 45 años. El primero lo adquirí cuando tenía 30 años y lo tuve conmigo por más de 16 años. Me gusta Mercedes-Benz porque es un auto que nunca se daña y el mantenimiento que requiere es muy bajo. Es un vehículo completamente seguro.

En mi casa todos tenemos Mercedes-Benz porque es confortable y muy moderno, por esa razón mi esposa y mi hijo también poseen. Además, su servicio posventa es muy bueno, aunque, insisto, casi no lo necesitan.